JALLALLA!!!!

Enraizada en el concepto "jallalla", palabra aymara que expresa esperanza, satisfacción y agradecimiento por la vida, y que comúnmente se utiliza al principio o al final de un acto espiritual, se efectuó en la municipalidad de Tiquipaya, Cochabamba, Bolivia, del 20 al 23 de abril del año en curso, la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, con el propósito de analizar las causas estructurales y sistémicas que provocan el cambio climático y proponer medidas de fondo que posibiliten el bienestar de toda la humanidad en armonía con la naturaleza, desde la perspectiva de los pueblos y movimientos sociales del mundo.
Esta conferencia, convocada por el Estado Plurinacional de Bolivia, con el respaldo de los gobiernos que integran la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), surgió como una clara respuesta ante el evidente fracaso de las negociaciones de la 15ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP15), que se llevó a cabo en Copenhague, Dinamarca, del 7 al 18 de diciembre del 2009.
Como es sabido, la COP15 tuvo como único resultado la emisión de un documento denominado "Acuerdo de Copenhague", el cual ha sido duramente cuestionado por diversos gobiernos y movimientos sociales, en virtud de fue elaborado unilateralmente por algunos gobiernos liderados por Estados Unidos de América y en el que fueron excluidas muchas de las partes, transgrediéndose los principios básicos del multilateralismo establecidos en la Carta de las Naciones Unidas, como la legitimidad, la transparencia, la inclusión, el proceso democrático de participación y de igualdad jurídica entre los Estados.
Además, aunque el supuesto Acuerdo establece que debería reducirse drásticamente las emisiones globales de dióxido de carbono –principal causante del calentamiento global- para que el aumento de la temperatura global se mantenga por debajo de los 2° C, lo cierto es que no se establecen las medidas concretas que comprometan a los países a cumplir con dicho propósito, dejando las metas de reducción, adaptación y mitigación, entre otras, a total voluntad y capricho de las partes, sin ninguna obligatoriedad en el marco del derecho internacional.
Ante la evidente falta de voluntad política y la ausencia de compromisos concretos, el "Acuerdo de los Pueblos" emanado de la Cumbre de Cochabamba, abre un nuevo horizonte de acción con el fin de reencauzar, por la vía multilateral y con la participación plena y efectiva de los pueblos, las truncadas negociaciones de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que tendrá su próximo y 16° capítulo en noviembre-diciembre de este año en el centro turístico de Cancún, México (COP 16), que por cierto, es un lugar en el que se han cometido constantes y renovadas agresiones a la biodiversidad debido al desarrollo del complejo hotelero y turístico .
En un marco amplio, el "Acuerdo de los Pueblos" plantea que una de las causas estructurales del cambio climático es el sistema de vida político y económico que actualmente prevalece en todo el mundo, mismo que está caracterizado por la explotación irracional y agresiva hacia la naturaleza; por la mercantilización y privatización de las tierras, territorios, recursos naturales y diversas formas de vida; por un sistema de producción y consumo exagerados; por una lógica de competencia y crecimiento ilimitados; por la acumulación de la riqueza en manos de unos cuantos en detrimento de las mayorías; por el uso de la violencia y represión en contra de la sociedad; por la negación y violación de los derechos más elementales, entre otros.
En consecuencia el gran desafío para la humanidad consiste en cambiar este ya agotado sistema político y económico, que evidentemente nos está llevando hacia un abismo, y para ello es necesario voltear la mirada hacia nuestras raíces ancestrales y profundas. Pues ya no se trata de discutir siquiera si el modelo está agotado o por agotarse o no, sino qué debemos hacer en el corto y mediano plazo para no perecer bajo sus ruinas. En esta lógica se ha acordado que es necesario fortalecer la vivencia y propuesta de los pueblos indígenas bajo el concepto del "Vivir Bien", reconociendo a la madre tierra como un ser vivo con la cual tenemos una relación indisoluble e interdependiente; basado en principios y mecanismos que garanticen el respeto, la armonía y el equilibrio de los pueblos con la naturaleza y, como la base para una sociedad con justicia social y ambiental, que tenga como fin la vida y no el negocio y la competencia como fines, tal como sucede ahora.
Se ha propuesto la adopción universal de una Declaración de los Derechos de la Madre Tierra, que garantizaría la vida, existencia, respeto e integridad de la naturaleza en su conjunto; el derecho al agua, al aire limpio y a la salud integral; el derecho a estar libre de contaminación, polución, desechos tóxicos y radioactivos; el derecho de que la naturaleza no sea alterada, ni modificada genéticamente; así como a la restauración plena y pronta de los daños que la humanidad ha infringido a la madre tierra.
En lo que concierne a nuestros pueblos indígenas y comunidades campesinas, se ha afirmado la importancia de que los Estados reconozcan jurídicamente la preexistencia y la propiedad de nuestros territorios, tierras y recursos naturales, así como la restitución y restauración de aquellos de los que hemos sido despojados. Asimismo, se ha reafirmado la necesidad de fortalecer e implementar el modelo sostenible de producción agrícola indígena-campesina mediante el uso de los abonos orgánicos, semillas nativas y técnicas de cultivo apropiadas, garantizando la autosuficiencia alimentaria con productos sanos y nutritivos, y tejiendo las redes locales y regionales de comercialización de los más diversos productos del campo.
Por el hecho de que muchos de nuestros pueblos indígenas y campesinos viven en los bosques y las selvas, se ha considerado de fundamental importancia la restauración y conservación de los mismos mediante los conocimientos, técnicas y prácticas tradicionales indígenas, incluyendo los derechos de propiedad intelectual individuales y colectivos aún no reconocidos, pero con frecuencia utilizados indebidamente y expoliados bajo los acuerdos de libre comercio. En este sentido se ha dado un enérgico rechazo al programa de REDD (Programa de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los Bosques) y REDD plus, ya que mercantiliza nuestros bosques y selvas, y en su implementación se están violentando los derechos de los pueblos indígenas, en particular a nuestras tierras, territorios y recursos naturales, así como el consentimiento previo, libre e informado.
En consonancia con lo anterior, se ha hecho un llamado a los Estados para que reconozcan, respeten y garanticen la efectiva aplicación de los estándares internacionales de derechos humanos y los derechos de los pueblos indígenas, en particular la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el Convenio 169 de la OIT, entre otros instrumentos pertinentes, en el marco de las negociaciones, políticas y medidas para resolver los desafíos planteados por el cambio climático.
Finalmente, hemos planteado una vez más la plena y efectiva aplicación del derecho a la consulta, la participación y el consentimiento previo, libre e informado de los pueblos indígenas en todos los procesos de diseño e implementación de las medidas de adaptación y mitigación del cambio climático y otras acciones relacionadas con nuestras tierras y territorios indígenas. Lo anterior cobra especial relevancia ya que los pueblos indígenas no sólo sufrimos de manera directa los impactos adversos del cambio climático, sino que además somos víctimas de las medidas de adaptación y mitigación que los gobiernos están tomando a nombre del cambio climático de manera unilateral y bajo una lógica mercantilista e individualista, cuando no entreguista a otros Estados nacionales o a las grandes corporaciones internacionales. A manera de ejemplo, esto ha venido sucediendo en Oaxaca con la concepción e implementación de los proyectos energéticos eólicos, hidroeléctricos, mineros y forestales, así como las declaratorias de áreas naturales protegidas, en diversas regiones indígenas, sin el consentimiento previo, libre e informado de los pueblos interesados, dueños y casi siempre protectores de las mismas.
La cumbre de Cochabamba nos ha abierto un camino y un nuevo horizonte de vida. Esperemos que las palabras y propuestas aquí acordadas caigan, como granos de maíz, en tierra fértil, y que sean con el tiempo el tallo de una nueva vida, basada en la armonía, la paz y la justicia entre los seres humanos y la naturaleza en su conjunto. Así, al defender la madre tierra estaremos edificando nuestra propia salvación.
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